Hacia nuevas formas de hacer Ideología desde la juventud nicaragüense

En la tesis aquí presentada, se propone una ruptura con las creencias políticas afectivas que componen en buena medida el orden político actual en Nicaragua

Juventud y Futuro Político en Nicaragua

Lo que yace en el centro del ideario político juvenil contemporáneo en Nicaragua es una conexión invisible que vincula a toda la juventud consigo misma.

De "Formas de Vida Inteligente" y "Segundas Oportunidades"

Pensaba: “cuando venga el momento empezaré a estudiar en serio”, sin saber que el momento perfecto se iba todas las tardes decepcionado por falta de clientela.

Teoría de la Conexión Invisible

Como categoría analítica, se propone englobar una serie de fijaciones "secretas" que originan la acción política de los jóvenes de hoy en nuestro país, y que en una dimensión colectiva contiene potencial cohesionador.

7 de diciembre de 2012

Juventud y Futuro Político en Nicaragua


En los últimos años estudios realizados sobre la cultura política juvenil en Nicaragua señalan que se está produciendo una movilización hacia un individualismo radical, marcado por tendencias hedonistas, utilitaristas y materialistas. Sin embargo, una revisión más recóndita de ese proceso refleja que existe un quiebre ideológico, identitario y valorativo entre la juventud y las generaciones más adultas –las cuales personifican y lideran el actual orden político y la hegemonía moral, y a la cual me referiré como la generación de las ideologías-. Como antecedente, la generación de las ideologías fue marcada por las experiencias vitales de casi dos décadas de conflicto armado en pleno cenit de la guerra fría, y en el cual se expresó la pugna ideológico-emocional de bandos contrapuestos (sandinistas vs. somocistas, liberales-conservadores vs. sandinistas, reaccionarios vs. revolucionarios, etc.). Las juventudes de los años setenta y ochenta interiorizaron profundamente los esquemas ideológicos, sociales y económicos en conflicto, los cuales alcanzaron un nivel de fijación profunda por la carga emocional que conllevó el conflicto armado.
La juventud contemporánea conforma la tercera generación de cultura política desde entonces y la primera que nació dentro del período democrático constitucional. De este modo, existe en la actualidad un conflicto intergeneracional silencioso entre la generación de las ideologías y la juventud contemporánea, que de manera más o menos difusa está produciendo nuevos idearios políticos, que si bien no son tan antagónicos como los comprendidos en el conflicto bipolar de la guerra fría, sí presenta oportunidades para generar nuevas formas de “hacer ideología” desde la juventud. Aunque es previsible que esto, al menos inicialmente, ocurra dentro del esquema hegemónico capitalista contemporáneo. Es decir, que no cuestionaría las premisas consideradas como extensivamente preferibles dentro del orden internacional –como la libertad de mercado, el individualismo utilitario, la lógica de la acumulación y la supervivencia entre extremos socioeconómicos y la democracia liberal- pero sometería a escrutinio ideas altamente movilizadoras como la dignidad humana desde una perspectiva ética y moral estrictamente materialista.
Sin embargo, el orden político existente en Nicaragua intenta preservar la estabilidad del sistema al reproducir sus valores y creencias sobre las nuevas generaciones. Y es en esa relación vertical en la que se producen actitudes, que en realidad son marginales, como la profunda desconfianza en el sistema político y las autoridades, el desinterés en la política entendida como la discusión de lo público por parte de las élites y el deseo -desincentivado por la práctica política existente- de participar en el mejoramiento de la sociedad en general.
Lo que yace en el centro del ideario político juvenil contemporáneo en Nicaragua es una conexión invisible que vincula a toda la juventud consigo misma. Esta refleja la reconfiguración intergeneracional de valores, creencias, intereses y aspiraciones sobre la política. Sin embargo, esa conexión invisible convive con el orden político y la moral hegemónica de la generación de las ideologías, la cual tiende a constreñir a la juventud con valores como el anti individualismo, la lealtad política patrimonialista y el mesianismo político partidario. La conexión invisible contiene dentro de sí el potencial para la generación amplia de consensos estructurales, sociales y políticos. De este modo, la juventud contemporánea presenta condiciones verdaderamente favorables para el reconocimiento asertivo del consenso latente más allá de consideraciones afectivas o ideológicas. Sin embargo, la configuración dominante del orden político actual en Nicaragua trata de preservar el comportamiento y expectativas políticas juveniles dentro de cierto espectro no institucionalizado considerado como aceptable. Es decir, los jóvenes encuentran su ámbito de acción, condicionado por los valores políticos dominantes en el actual orden político.
La clave para la transformación radica en la asertividad política de la juventud. Es decir, que en la medida en que los y las jóvenes desentrañen sus propias percepciones y aspiraciones políticas en esa misma medida se podrá dar el salto hacia el desarrollo político. Sin embargo, ese proceso requiere cuestionar esquemas aparentemente aceptados como normales. Por ejemplo, el cuestionamiento de la propia democracia. Que para que tenga sentido requiere que la juventud construya sentido propio de ella.
Las nuevas formas ideológicas de la juventud nicaragüense se basan en una tendencia a evaluar empíricamente el desempeño del sistema político, en general, y del Estado, en particular. Esto significa que la simpatía por uno u otro partido político está dejando de ser un factor identitario casi hereditario o emocionalmente orientado para convertirse en una contingencia que observa empíricamente el desempeño de políticas públicas específicas. De igual manera, la preferencia partidaria se encontrará asociada directamente a un cálculo de los beneficios concretos y por lo general materiales que pueden devenir de tal preferencia.
Ciertamente, estas nuevas formas ideológicas contienen aspectos positivos y negativos, por lo que es de vital importancia el involucramiento de toda la comunidad política para la conducción creativa del futuro de Nicaragua. Con intervención o sin ella el resultado podrá apreciarse tanto en la dimensión formal del orden político, como en la dimensión real del mismo, al cabo de los próximos treinta o cuarenta años. De este modo, dentro del espectro de procesos futuros podríamos estar frente a una sociedad más atomizada, individualista, insolidaria y sin una visión clara de nación, o podríamos moldear el desarrollo político a través de la identificación de los intereses y aspiraciones reales de la juventud y construir sobre esa base un consenso social y político amplio con la inducción de valores democratizantes y solidarios. La clave se encuentra en manos de la juventud en tanto que principales actores del desarrollo político, y de la sociedad civil y demás instituciones políticas como impulsores del proceso.
Así, la gestación actual del ideario político juvenil en Nicaragua, y su superficial escepticismo social y político, no debe ser vista con pesimismo sino como lo que en realidad es, una importante oportunidad para saltar hacia una sociedad política más efectiva y con una democracia más integradora, con un consenso social amplio acerca de los intereses y aspiraciones comunes para el presente y el futuro de la nación.


Por: Luis Campos Pérez


28 de febrero de 2012

Hacia nuevas formas de hacer Ideología desde la juventud nicaragüense


            Como parte integral de esa colectividad que llamamos Nicaragua, en su faz social, con sus contrastes y propiedades innombradas por la Ciencia Política occidental, podemos apreciar una dinámica intrínseca en su cultura política, que consiste en la persistente demanda social de “definición ideológica”. Dicha demanda se manifiesta como un requisito social para reconocer a las personas como parte integrante del "nosotros" o de los "otros", políticamente hablando -aunque en el fondo es una necesidad de identificar la afinidad partidaria, más que la ideología propiamente dicha-. Aunque "etiquetas" genéricas como: sandinista, no-sandinista, y antisandinista -los últimos dos incluyen a quienes “declamatoriamente” se consideran conservadores o liberales - puedan parecer términos vagos, la realidad los clasifica de esta forma para comprender en términos prácticos la totalidad de la comunidad política.
            Estas formas de clasificación de los jugadores y los equipos "... permiten a los diversos actores políticos orientarse dentro de la amplitud y complejidad del universo político, cumpliendo funciones cognitivas y afectivas en la comprensión y valoración de los actores y las políticas" (Sani y Sartori, 1992: 418-424, en Capo Giol, 2005). Es decir, vienen a facilitar la identificación política del "nosotros y los otros”. Esta forma de identificación tiende a clasificar la realidad política nacional como una contienda entre “buenos” y “malos”, mientras subestima la relevancia de los proyectos e ideas en la construcción de identidades políticas estructuradas y sólidas.
            La construcción de esas identidades políticas requiere el desafío, escrutinio y revisión asertiva de los y las jóvenes nicaragüenses de esas categorías tan profundamente arraigadas en la cultura política nacional cuyas características ideológicas se tornan progresivamente difusas, como son: sandinismo, anti-sandinismo, liberalismo, conservadurismo, izquierda, derecha; que sirven para esquematizar afectivamente las identidades ideológico-partidarias.

Cómo se define la Ideología en Nicaragua
            En su sentido más amplio la cultura política nicaragüense descansa sobre una serie de posiciones derivadas de resentimientos y/o simpatías fruto de las experiencias de vida, como es el caso de las generaciones que experimentaron el recrudecimiento del período insurreccional y la guerra proxy de la década de 1980, y que nominalmente llamo “generaciones de la guerra fría” o “generaciones de las ideologías”. Así, estas consideraciones son las que constituyen lo que puede ser identificado como ideología política, en lugar de una jerarquización de valores (políticos, morales, éticos, culturales, religiosos, etc.). Es decir, el modo en el que principalmente las personas de 40 años o más definen su simpatía ideológico-partidaria no se basa en la ideología propiamente dicha, sino en orientaciones afectivas derivadas de experiencias de vida.
            Este modo de producir identidades políticas desemboca en lo que nomino "socialización política intergeneracional", en la que las personas que experimentaron las etapas históricas antes mencionadas reproducen estos modos de pensar y percibir la política sobre las nuevas generaciones, y en las que se tiende a acentuar esa clasificación de la política en general como un lucha entre el bien y el mal. Esta dinámica es una condición natural de la socialización y de la tendencia estabilizadora de los sistemas y estructuras políticas. Es decir, desde el punto de vista de la socialización política los individuos y grupos sociales, como la familia, tienden a reproducir y difundir sus creencias y valores sobre los nuevos individuos. Esto no significa que los y las jóvenes sean receptáculos vacios esperando a adquirir información para reproducirla tal cual, sino que en etapas tempranas de la vida estas creencias y valores son importantes para construir, en etapas posteriores, visiones mezcladas de la realidad en las que los valores que tempranamente recibieron se disuelven con las experiencias de vida del propio receptor de la socialización para construir nuevos valores y creencias.
            En cuanto a la tendencia estabilizadora del sistema político, los miembros de la comunidad política, individualmente y colectivamente, tienen preferencia hacia la preservación del statu quo de las relaciones sociales y del orden existente.
De este modo, un pregunta verdaderamente compleja, -por sus implicaciones valorativas, por la responsabilidad de construir una respuesta apoyada en la ética y en una noción más o menos clara de ideales políticos de largo plazo, y que algunos con devastadora simpleza contestan- es: ¿Cuál es tu ideología?
            En buena medida la respuesta a dicha pregunta se ciñe, en este artículo, a una suerte de solución al fenómeno que en publicaciones anteriores titulé la "conexión invisible" que comparten los y las jóvenes en Nicaragua, y que en su condición natural consiste en tres características: Pragmatismo (visto como una preferencia del pensamiento en función de sus resultados prácticos); evasión de ideologías intrincadas, absolutas e infalibles; y la tendencia a maximizar el beneficio propio.
            En consecuencia, este texto también intenta llevar la realidad de esa "conexión invisible", que forma parte del ideario político de los y las jóvenes nicaragüenses, al plano de lo social y políticamente “deseable”, proponiendo para ello, una jerarquización de valores políticos que incentiven la construcción de ideologías estructuradas fundadas en las percepciones de la realidad colectiva desde la juventud.

Hacia nuevas formas de hacer Ideología desde la juventud nicaragüense
            El núcleo de la estructura valorativa general aquí propuesta parte de la ética humanista y cristiana, que no necesariamente debe ser entendida como exclusivamente confesional para responder a la necesidad de insertar valores humanísticos en toda la estructura social, pero que sin lugar a dudas se encuentra arraigada en lo profundo de la cultura política nicaragüense ya que dentro de la misma, las ideas sobre la política y la religión frecuentemente se diluyen la una en la otra en la realidad nacional.
            De esta primera definición se derivan, en el nivel intermedio, dos aspectos que ciertamente deben convivir juntamente en una estructura de valores políticos contemporánea, el primero comprende, el reconocimiento de la realidad de la naturaleza humana, y el segundo incluye, el imperativo ético de convertir el desarrollo y la plenitud humana, individual y colectiva, en el fin último de la labor política.

            De este modo, de los dos aspectos ya mencionados se conjugan los siguientes valores:
            Libertades y derechos individuales: Este se deriva de lo que aquí se define como la realidad de la naturaleza humana, que consiste en la tendencia a preservar y promover el beneficio individual y a actuar como “maximizador del interés propio”. De esta forma, es imperativo la protección del individuo frente al Estado y la colectividad; la consideración y el respeto a las diversas percepciones de la realidad individual; y la libertad de ser y hacer lo que su particular forma de ver el mundo dicte a cada sujeto. Es decir, la tendencia individualista primaria es una realidad inexorable de la naturaleza humana, y dicha tendencia no debe ser enjuiciada como un impulso moralmente cuestionable. Y este es uno de los principales retos de la juventud nicaragüense frente a la moral hegemónica de las “generaciones de las ideologías”.
            Justicia social: Comprende el auto reconocimiento como sujeto social que comparte la responsabilidad con todos los miembros de la colectividad nicaragüense de transformar la realidad social y política en desarrollo social, en su sentido más amplio. A su vez, esto debe apreciar la democracia participativa, no como una forma “ideal” de gobierno que absorbe las demandas sociales mientras incluye a la población en los procesos de toma      de decisiones, sino como condición operativa absolutamente necesaria para procurar el desarrollo humano, la generación de consenso y la resolución del conflicto social en Nicaragua.
            De igual forma, incluye la participación determinante del Estado en la reducción de las limitaciones materiales de los sectores más empobrecidos de la nación. Por otra parte, comprende el proceso de integración latinoamericana como un objetivo estratégico para proteger y promover los intereses regionales y civilizaciones frente a un mundo progresivamente multipolar e inestable. Y por último pero no menos importante, la protección del medio ambiente y los recursos naturales como una forma no solo de garantizar el sostenimiento de las generaciones por venir, sino como un potenciador del poder nacional.
            De esta forma, el conglomerado de “justicia social” tiene el papel de transformar la tendencia existente en la cultura política juvenil contemporánea de maximizar el interés individual. Es decir, este es el punto que mayor inducción de valores políticos requiere desde las propias instituciones políticas para la modulación de la transición del orden político en Nicaragua de un grupo de generaciones a otro.
            Pragmatismo Reformista: Por otra parte, el pragmatismo reformista se deriva de la evasión de interpretaciones intrincadas e “infalibles” de la realidad Nicaragüense -y la falacia que representa la creencia de que se tienen todas las respuestas sin necesidad de cooperación entre los diversos actores (sociales, políticos, económicos, académicos, etc.)-, mientras que aprecia la observación de la realidad material, circunstancial y total en función de mejorar la sociedad y los múltiples desafíos que afronta. Además, establece el rechazo a la clasificación del mundo y sus interacciones políticas como una contienda entre "buenos y malos", en lugar de una entre actores que persiguen la consecución de sus intereses. De igual forma, aglutina tanto las libertades y derechos individuales como la justicia social.
            En síntesis, el Pragmatismo Reformista es el esfuerzo por comprender la realidad individual y social, y el reconocimiento del potencial para transformarla, con una base de “contingencias ideológicas” en las que las creencias y valores políticos partan de la realidad cotidiana y sean suficientemente flexibles como para ser transformadas en la medida en que la propia realidad cambie.



            En conclusión, esas nuevas formas de hacer ideología desde la juventud nicaragüense, en la tesis aquí presentada, propone una ruptura con las creencias y valores políticos afectivos que componen en buena medida el orden político actual en Nicaragua y que las “generaciones de las ideologías” intentan reproducir sobre las nuevas generaciones, por el reconocimiento de los intereses y aspiraciones comunes a la juventud, en busca de la identificación e inducción de valores políticos que develen el consenso latente que yace en la cultura política juvenil contemporánea, y que a su vez ofrece la superación de la persistente polarización política de la sociedad nicaragüense.


Por: Luis Campos Pérez

28 de noviembre de 2011

El presunto complot terrorista de Irán y sus implicaciones estratégicas


            El arresto del iraní nacionalizado estadounidense Manssor Arbabsiar bajo el cargo de complot para asesinar a un funcionario diplomático, por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, luego de ser deportado por las autoridades mexicanas, y la orden de captura por el mismo cargo contra, el también iraní, Gholam Shakuri (Council on Foreign Relations, 2011), parece, a primera vista, ser un acto deliberado de Irán con propósitos temerarios y difusos, ya que EUA asegura que el financiamiento de dicho complot fue realizado por la Fuerza Al Quds (Guardia Revolucionaria de Irán), lo que compromete significativamente a las autoridades iraníes.

            El primer alcance de dicho complot consiste en la apertura de la posibilidad de cooperación clandestina entre el islamismo radical -y de forma particular, de Irán como potencia regional en medio oriente y adversario de Occidente- y el crimen organizado de México, lo que evidencia una intencionalidad de convertir dicho acto en un mensaje dirigido a EUA. Un mensaje que declara la virtual vulnerabilidad de EUA frente a amenazas no convencionales, con implicaciones existenciales para la seguridad de sus aliados estratégicos, tratándose de México en este punto específico.
            El segundo alcance consiste en el objetivo del presunto complot, es decir el embajador de Arabia Saudí en Washington, Adel al Jubeir, tomando en cuenta la conocida rivalidad entre Arabia Saudí e Irán como potencias regionales que se debaten la primacía civilizacional del mundo árabe, lo que ha generado persistentes tensiones entre ambas unidades nacionales, y una permanente competencia por incrementar su influencia en las elites políticas de los países de la región. Por lo tanto, este incidente lleva la contienda a un nuevo y volátil nivel de conflictividad.
            Consideremos, también, que Riyahd y Washington sostienen una alianza estratégica de más de 60 años. De este modo, podemos inferir que el complot es una señal directa de desafío contra EUA y Arabia Saudí, y que los posibles propósitos del mismo consistían en articular más aceleradamente una campaña armada contra Irán, con el involucramiento de Estados Unidos, Arabia Saudí, e incluso Israel. Además, este incidente ha arrojado luz sobre las opciones estratégicas y la credibilidad internacional de EUA, respecto del manejo de su política de disuasión frente a la proliferación nuclear iraní.
Las opciones de Washington
            Las reacciones de la Administración Obama al incidente evidencian lo que podemos identificar como las opciones estratégicas de EUA, y es que en este momento la única alternativa de riesgo moderado para EUA y sus aliados es persistir en acciones en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para sancionar al régimen de los Ayatolás. De igual forma, continuar una política de soft power para incrementar el aislamiento internacional de Irán y conservar el disuasivo de "ninguna opción esta fuera de la mesa" (Department of State, 2011), que no se ha impuesto de forma convincente como para modular el comportamiento y aspiraciones de Irán hacia una dinámica de "comportamiento racional" derivada de una política de disuasión creíble.
            Podemos también observar que el comportamiento exhibido por Washington, tras el incidente, le vulnera frente a un Irán relativamente predecible en el manejo de su política exterior y altamente asertivo con el tema de desarrollo doméstico de tecnología nuclear –objeto incluso de orgullo nacional (Trenin, 2011)-, ya que desveló de forma casi explícita el ámbito de tolerancia que tiene frente a las acciones y aspiraciones internacionales de Teherán.
            Por otra parte, la evasión tácita de EUA de una incursión militar preventiva en Irán refleja la insostenibilidad -al menos de forma circunstancial- de costear una nueva campaña en el exterior, sobre todo valorando las complejidades que un involucramiento de este tipo, sea de forma parcial o completa, representarían para la seguridad nacional de Israel –considerando las dispersas y resguardadas ubicaciones de las instalaciones nucleares iraníes, así como la capacidad de represalia que Irán tendría sobre Israel, ya que un hipotético conflicto entre EUA e Irán, necesariamente involucraría la participación de Tel Aviv-.
Las implicaciones estratégicas para Irán
            Posterior al "incidente", tanto el presidente Ahmadinejad como el ayatolá Alí Jameneí, aseguraron que Irán no ha sido partícipe del presunto complot y de que todo se trata de una conspiración de Occidente (RIA-Novosti, 2011). Esta negación de participación en el incidente no hace más que desvelar que en los niveles más elevados de la autoridad iraní un ataque de este tipo no forma parte de la agenda táctica inmediata. Podemos también deducir que dicha evasión de responsabilidad no es congruente con en el estilo asertivo, y hasta temerario, de hacer política exterior, por parte de Teherán. De este modo, es claro que dicho complot fue un acto deliberado de subordinados de mediano y/o bajo nivel del régimen, ya que dicho plan contradice los intereses estratégicos de Irán en la región –ya que el involucramiento en un conflicto tanto de EUA como de Arabia Saudí supondría la eventual caída de la actual elite de poder iraní-, además, el comportamiento internacional de Teherán ha sido relativamente predecible en los últimos años, y más que apuntar hacia la "yihad" contra Occidente y sus aliados, lo hace en dirección a la expansión de su poder regional. A esto podemos agregar que la tímida reacción de Washington puede deberse a la estimación de que el "incidente" fue un acto aislado fuera del control de los principales tomadores de decisiones iraníes.
El papel de Arabia Saudí
            Dentro de este coyuntural episodio de la vida internacional, Arabia Saudí ocupa un espacio de notable relevancia. En primer lugar, es el principal rival “intracivilizacional” de Irán –con quien se disputa el liderazgo del mundo árabe-; en segundo, es uno de los aliados estratégicos más importantes de EUA en el medio oriente extendido; y en tercero, éste ha asegurado públicamente a Israel la autorización para utilizar su espacio aéreo en un hipotético conflicto contra Irán (Center for Strategic & International Studies, 2010).
            De este modo, Arabia Saudí se convierte en el único aliado de EUA en la región con la capacidad tanto de brindar apoyo logístico y geoestratégico a una incursión Israelí-estadounidense, como de involucramiento completo en tal escenario, en la búsqueda de sus intereses estratégicos de preeminencia regional. De esta forma, podemos observar un incremento sensible en el riesgo de guerra total en la región.
El “Despertar Árabe” y su relación con Arabia Saudí e Irán
            El actual ímpetu reformista dentro del mundo árabe, en el que los levantamientos sociales evocan una especie de intrínseca ley social, ha colocado a Irán y a Arabia Saudí en una intensa competencia por tratar de influir en dichos procesos, de forma que las nuevas elites políticas sean amistosas a sus intereses –en buena medida este comportamiento sigue el criterio de apoyo a los grupos chiitas, por parte de Irán; y de sunitas, en el caso de Arabia Saudí-, mientras que se realizan esfuerzos por dispersar las aspiraciones de la oposición a lo interno de sus propios territorios. En esencia, tanto Riyahd como Teherán persiguen fortalecer su liderazgo dentro de los nuevos grupos de poder político y la reproducción de sus modelos de gobierno en el resto de países árabes.
            En términos de liderazgo, el complot del que se acusa a Irán ciertamente afecta de manera sensible su prestigio regional, mientras que favorece el de Arabia Saudí.
Las implicaciones estratégicas para Israel
            A pesar de que Israel no ha sido parte de la coyuntura que representa el “incidente”, ciertamente el mismo tiene alcances de tipo existencial para su seguridad nacional. Consideremos que Tel Aviv percibe a Irán como una amenaza progresivamente inminente a su seguridad vital. De igual forma, consideremos el conocido arrojo de Israel respecto a la aceptabilidad de acciones militares sobre Irán, a pesar de la renuencia de Washington.
            Por lo tanto, el escenario inmediato, que involucra a Arabia Saudí, coloca a Israel en una posición ventajosa frente a EUA, ya que la relevancia que Arabia Saudí tiene para Washington incrementa las probabilidades de involucramiento de Washington en una incursión en coalición (EUA/OTAN-Arabia Saudí-Israel) sobre Irán.
Las posiciones de Rusia y China
            En términos generales, ninguna potencia tiene desmedido interés por involucrarse en un conflicto armado con Irán, incluso, tanto Rusia como China, sostienen alianzas estratégicas bilaterales con Teherán, por lo que se muestran interesados en su estabilidad y cooperación amplia, sin embargo el tema del desarrollo nuclear iraní, si fuese para propósitos militares, representa  una preocupación significativa para ambas potencias.
            Por otra parte, Washington es consciente de que la opción militar completa debe ser evitada hasta donde lo permita su capacidad de “acomodamiento” frente a Irán, principalmente por el efecto reproductor que tendría sobre la militancia yihadista, también sobre el rechazo del mundo árabe hacia Occidente, y sobre el potencial que un conflicto con estas características concentra para convertirse en uno de escala mayor, con una crisis humanitaria masiva, y el posible involucramiento tanto de armamento nuclear estratégico, como de otros países de la región.
El escenario próximo
            En adelante, los cursos de acción sobre Irán podrán oscilar entre la adopción de una política de disuasión creíble y comprometida -no sólo de EUA y la OTAN, sino de Rusia y China- y el establecimiento de condiciones para la creación de un compromiso multilateral que incremente la confianza internacional en que el programa nuclear iraní persigue fines civiles únicamente, ya que la persistencia de recrudecer las sanciones contra Irán, desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha probado no ser eficaz en la modulación de las aspiraciones geopolíticas de Irán.
            En conclusión, el presunto complot terrorista ha alcanzado su máxima relevancia ya no por la inmediatez circunstancial de los individuos a los que involucra, y a quiénes ellos representan, sino por el iluminador efecto que ha ejercido sobre las posiciones, opciones e implicaciones estratégicas para EUA, Irán, Israel y Arabia Saudí, y en menor medida para Rusia y China, que visto holísticamente, abre un escenario de elevada volatilidad para la activación de un conflicto de escala mayor en la región.

Por: Luis Campos Pérez

22 de septiembre de 2011

Pragmatismo Político en la Juventud Nicaragüense: Teoría de la Conexión Invisible

            En la búsqueda permanente por hacer sentido de nuestra realidad, y por explicar la misma, nos encontramos con tan variadas y subjetivas percepciones como individuos habitan en ella. Y es que el ámbito subjetivo de la política desafía la observación de dimensiones colectivas para la extracción de significados de dicha realidad. Sin embargo, es posible apreciar una "conexión invisible" que subyace en el comportamiento, las expectativas, las aspiraciones y orientaciones  de un importante número de personas en Nicaragua. Como segmento social hago referencia a la juventud en su sentido más amplio.
            Este esfuerzo teórico persigue realizar un retrato de la cultura política de los jóvenes nicaragüenses, partiendo de la dimensión colectiva de sus aspiraciones, expectativas e intereses. Sin embargo, es probable que la explicación de la Conexión Invisible aquí presentada no sea exclusiva a la realidad nicaragüense, sino que describa también la situación de otros países latinoamericanos, dados los retos y desafíos históricos, económicos, sociales y políticos que guardan en común la totalidad de la región.
            La categoría “Conexión Invisible” puede ser definida como un conjunto de orientaciones, actitudes y fijaciones –no reconocidas amplia y abiertamente- que comparten la mayoría de jóvenes en Nicaragua.
Socialización política intergeneracional y la reproducción del Sistema Político.
            Como fenómeno sistémico, la conexión invisible tiene su condición preexistente en un entorno de socialización política intergeneracional que consiste en la tendencia del sistema político nicaragüense de preservar las relaciones sociales de poder existentes sobre las nuevas generaciones. Se trata de los trasnochados, pero completamente naturales, esfuerzos de las élites políticas por reproducir los valores, las estructuras y las interacciones de poder sobre los nuevos jóvenes.
            Una manifestación de esta relación que superficialmente aparenta ser fortuita, o con limitado significado político, es la noción de "irrelevancia histórica”, en la que los jóvenes nicaragüenses no logran percibir un papel histórico determinante para sí mismos. Esto no significa que los jóvenes sufran de algún tipo de enajenación colectiva, o de adormecimiento intelectual, sino que tanto sus aspiraciones, expectativas e intereses, como sus variadas visiones del mundo no coinciden con las  dinámicas del sistema político  existente.
            La configuración dominante del sistema político nicaragüense preserva el comportamiento y expectativas políticas juveniles dentro de cierto espectro "no institucionalizado" considerado como “aceptable” por sus unidades participantes. Es decir, los jóvenes encuentran su ámbito de acción, condicionado por los valores políticos dominantes en el sistema. De aquí surge también el rasgo de "secretividad"' o "no reconocimiento abierto" de la conexión invisible que vincula a la juventud consigo misma.
Propiedades de la “Conexión Invisible”.
            La conexión invisible, como categoría analítica, se propone englobar una serie de fijaciones "secretas" que originan la acción política de los jóvenes de hoy en nuestro país, y que en una dimensión colectiva contiene potencial cohesionador. La misma presenta tres propiedades básicas que sirven para retratar la cultura política de los jóvenes.
Prescindencia de concepciones ideológicas deterministas:
            La juventud nicaragüense no se debate entre modelos ideológicos deterministas para la construcción de su visión del entorno, y el posterior establecimiento de acciones en consecuencia. Dicha visión, de forma más o menos difusa, establece un constructo ideológico fundado sobre la valoración subjetiva de la propia realidad circunstancial del sujeto en cuestión, y no de lo que la dimensión colectiva de dicha realidad debería ser.
            Ciertamente, puede surgir la interrogante de cómo los jóvenes determinan por quién votar, como manifestación ideológica. Para determinar tal comportamiento es necesario observar la dicotomía existente entre Ideología y Orientación Partidaria.
            Los jóvenes determinan su orientación partidaria, no basados en afinidad ideológica, sino en un comportamiento socialmente aprendido (en el seno familiar, por lo general) que clasifica la política como una lucha permanente entre “los buenos y los malos”. Es decir, las actitudes juveniles hacia objetos políticos guardan mayor similitud con la moral que con la política. De este modo, podemos apreciar un divorcio entre la orientación partidaria y la construcción  ideológica real de los jóvenes.
Orientación hacia la potenciación de lo que se percibe como interés propio:
            Sin importar los sistemas de valores, la educación o las experiencias, los jóvenes actuales tienen una orientación política “silenciosa" hacia la maximización de lo que se percibe individualmente como beneficio o interés propio –el mismo puede tratarse de: provecho económico, reconocimiento, seguridad, etc.-. De este modo, la toma de decisiones que originan la acción política se encuentra íntimamente relacionada con criterios de juego “minimax", en el que se procura minimizar el riesgo o costo percibido, y maximizar el beneficio esperado (Gastaldi, 1998).
            De este modo, los jóvenes que deciden participar proactivamente en instituciones políticas -sean partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, Estado, entre otros- realizan una cuidadosa valoración sobre los beneficios concretos que de ello pueden devenir. De esta forma, podemos apreciar una vez más la verdadera naturaleza del ideario político juvenil.
Pragmatismo político como regulador moral real:
            Visto desde sus aspiraciones, expectativas e intereses, los jóvenes nicaragüenses guardan dentro de sí un constructo ideológico de pragmatismo político como regulador moral “no reconocido" abiertamente, en el que la tendencia de descartar ideologías deterministas y de maximizar el beneficio propio al costo mínimo, constituyen rasgos definitorios. Sin embargo, el secreto público de la conexión invisible -en tanto que forma parte del conocimiento común, pero que no se reconoce abiertamente- es un fenómeno colectivo “no institucionalizado”, que es tácitamente rechazado por la moral predominante en el sistema político existente.
            Habiendo arrojado luz sobre la presencia abstracta de la Conexión Invisible y su significado político-ideológico, podemos procurar hacer lo que en última instancia la Ciencia Política siempre busca lograr, y es predecir lo que sucederá a través del planteamiento de escenarios hipotéticos.
            El primer escenario observable consiste en la continuación de la relación de socialización política intergeneracional existente que produciría a su vez dos fenómenos simultáneos: por una parte, los jóvenes que se integren efectivamente al sistema político entrarán en una crisis de identidad política al cabo de algunos años, al no detectar congruencia entre su visión del mundo y la identidad política institucional de la que forman parte; y por otra, los jóvenes que sean más o menos asertivos respecto de la Conexión Invisible pueden construir una suerte de nueva propuesta ideológica formal que declare una escisión intergeneracional y asuma un papel histórico de renovación sistémica. Esta situación, ciertamente podría desembocar en una transformación caótica y violenta de las estructuras políticas nacionales.
            El segundo escenario plantea una revisión profunda, por parte de las instituciones políticas, tomando en cuenta las nuevas realidades presentes en la cultura política juvenil nicaragüense, que culmine en la transformación paulatina tanto del sistema político, como de las relaciones sociales de poder y de los modelos ideológicos, que preserven valores morales y éticos para la conducción positiva y ordenada del ímpetu juvenil, ya que la Conexión Invisible no presenta en sí, reguladores morales y éticos positivos que eviten el eventual surgimiento de una especie de filosofía política radical de mercado entre las nuevas generaciones.
            La renovación política e ideológica nicaragüense es un proceso inevitable y completamente natural. Sin embargo, la configuración del sistema y las estructuras políticas que de dicho proceso resulten, estarán definidos en buena medida por los liderazgos que conduzcan la transición intergeneracional y el nivel de consenso social con que esto suceda. Ya que dicha transición contiene, tanto, potencial para el caos y la violencia, como para la positiva actualización política nacional.
 

Por: Luis Campos Pérez


3 de junio de 2011

De “Formas de Vida Inteligente” y “Segundas Oportunidades”

Carta a los futuros politólogos
            Cuando se me pidió que realizara un conversatorio dirigido a los estudiantes de Diplomacia y Ciencias Políticas de la UNAN, con el propósito de motivarles académicamente, mis primeras reacciones fueron de una profunda felicidad y una sensación de honor inmerecido. Luego empecé a tomar conciencia de la trascendencia que tendría aproximarse a los actuales estudiantes de mi alma mater, y de mi propia carrera.
            ¿Qué esperarán de mí?, ¿Qué palabras utilizaré?, ¿Debería contentarme con “amenizarlos” un par de horas o debería intentar dejar huella en ellos/as? La carencia de respuestas inmediatas a estas preguntas me arrojó a los recuerdos de mis años de estudiante de pregrado (porque alegremente seguiré siendo estudiante hasta donde lo permita la lucidez).
            Aunque mis primeros años en la universidad no fueron de fulgurante brillantez o de calificaciones excepcionales, siempre di señales de albergar una “forma de vida inteligente” aunque no mostrara abundante evidencia de ello. En ese entonces, habitar los pasillos y las bancas o ir por unas cervezas parecía mejor negocio que recibir clases o estudiar sacrificadamente. Nada se comparaba con entregar asignaciones instantáneas de último minuto, o con desarrollar un repentino y apasionado fervor religioso intentando lograr una prorroga en la entrega de las mismas. De tiempo en tiempo me preguntaba si se podía vivir así por siempre, ya que esos cinco años de universidad se miraban eternos desde adentro. Pensaba: “cuando venga el momento empezaré a estudiar en serio”, sin saber que el momento perfecto se iba todas las tardes decepcionado por falta de clientela.
            Aunque yo no era el paradigma de la abnegación académica, la razón inicial por la que escogí dicha carrera fue que tenía una pregunta en mente, ¿Cómo funciona el mundo? Así es. Tan simple y desesperantemente impreciso como se lee. Deseaba saber qué procesos reposaban en la superficie y en lo profundo de las sociedades, de las naciones, de los estados, del poder mismo. Aunque no lo escrutaba con tanto detenimiento en ese entonces.
            Un poco más cerca del final que del inicio de dichos años de universidad, tuve un encuentro devastador con una cruda e innegable realidad. No sabía nada. Creía que sabía algunas cosas y que podía desempeñarme bien con ellas, pero en realidad no sabía nada. El tiempo pasaba cada vez más rápido, y Yo No Sabía Nada. Miré a mí alrededor y quienes parecían saber algo -por su comportamiento o por su desempeño académico- en realidad No Sabían Nada, o muy poco en excepcionales casos. En mi opinión, no sabíamos lo mínimamente necesario para merecer el título de profesional en Ciencia Política y menos para competir con colegas de otras partes del mundo.
            Tan preocupante como sería escuchar un “no sé” –o un escuálido y tambaleante “sí”-, al preguntarle a un médico si sabe cómo medir la presión arterial, así de francamente pobres eran mis nociones en Ciencia Política. Y no todo era culpa de la batería de docentes, ni de los programas académicos, ni del repertorio de materias. La mayor parte de responsabilidad era individual, por negligencia deliberada –como en mi caso- o por ignorancia, ya que el futuro en juego era el propio. Como tan genialmente lo condensara Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
            A partir de una sentencia tan brutalmente sintetizadora nació mi a veces asfixiante pero siempre gratificante acuerdo con la Excelencia. De este modo, partiendo de lo básico, comencé escudriñar en busca de las piezas necesarias para construir un cuerpo coherente de conocimientos en Ciencia Política. Desde entonces una incontable cantidad de valiosos textos y un selecto grupo de personas contribuyen determinantemente para que esto sea posible.
            Como aprendizaje fundamental dentro de la disciplina que nos concierne, identifiqué mi entorno inmediato, mis objetivos e intereses, y el alcance de lo que me era controlable para lograr la consecución de los mismos. Y concluí que no tengo mucho Poder sobre el mundo que me rodea –es decir, no puedo decidir que se me contrate en cierto puesto, o que se me otorgue cierta beca-, pero si tengo control sobre mí mismo. Es decir, sobre mí propia formación, y sobre la estructura de conocimiento que podía desarrollar. ¿Cuál sería la estrategia? Tener la mejor calidad que me fuera posible para incrementar mis probabilidades de éxito en cada oportunidad que se presentara.
            Tomando en cuenta que mi propia vocación me ha llevado a especializarme en política internacional y análisis estratégico he procurado cultivar, casi con patológico esmero, una colectividad de conocimientos sólida para perseguir tal fin. Y como un incurable optimista me atreví a reconocer que entre cada uno de nosotros y los hitos de la historia de los que tanto habíamos oído hablar –pero de los que muy poco habíamos leído- no existía diferencia sustancial. Fueron hombres y mujeres que en su momento identificaron su rol histórico y se plantaron a la altura de los desafíos. Susceptibles de cometer errores propios de la disciplina que se tratare, pero también dueños de gran genialidad. Genialidad que cuenta con limitadas dosis de talento, pero que es abundante en trabajo duro. Todo depende de que tan alto nos atrevamos a mirar.
            Siendo que el ámbito profesional tiene poca tolerancia al “error”, y la universidad es el escenario perfecto para “ensayar”, el tiempo es ahora para hacerse con las herramientas científicas para descubrirse al competitivo mundo en el que vivimos. El estándar internacional de calidad que debe tener un Politólogo/a de excelencia demanda un repertorio preciso de conocimientos en tan abundantes áreas de especialización, que implican desarrollar habilidades, desde cómo construir y consolidar una Democracia hasta cómo desafiarla; desde cómo ejercer influencia sobre otro ser humano hasta cómo escoger milimétricamente cada palabra que se dice o se escribe en todo momento. Es decir, en este nuestro mundo, cuanto sepas, eso vales como profesional.
            Más que aterrorizarles, intento arrojar luz sobre una ventajosa realidad. Y es que estoy seguro que aquí también se albergan muchas “formas de vida inteligente”, y estoy seguro que como yo le arrebaté una provechosa “segunda oportunidad” a la vida ustedes también pueden hacerlo.

Por: Luis Campos Pérez, Licenciado en Diplomacia y Ciencias Políticas, UNAN

7 de abril de 2011

Análisis de Juego Secuencial sobre el Conflicto Nicaragua-Costa Rica

            A primera vista, el más reciente episodio del recurrente conflicto territorial entre Nicaragua y Costa Rica, se exhibe como la apresurada interacción de las políticas exteriores de ambos actores, pero un análisis de Inducción de Juego Secuencial de Estrategia puede ser altamente esclarecedor sobre los profundos significados políticos de los comportamientos de las unidades involucradas.
            Un Análisis de Juegos en el que el criterio de selección de un “ganador” es definido por el eficaz uso de tres recursos: la Iniciativa de acción, la Anticipación de los movimientos del adversario (así como la estimación de lo que el adversario espera que uno haga), y la limitación de las opciones disponibles para dicho adversario. Para tal propósito propongo un ámbito de seis juegos cortos que definen el resultado estratégico.
            Primer momento: observamos a Nicaragua iniciando la dinámica de juego al tomar la decisión de dragar el Río San Juan, a lo que Costa Rica respondió, a través de un nota del vicecanciller Roverssi –canciller interino en ese momento-, con la exigencia de detener inmediatamente los planes de dragar el Río (END, 2010). De este primer escenario podemos extraer que la utilización de la palabra “exigencia” y la emisión de una nota de un viceministro exhiben una descoordinación casi deliberada para manejar el conflicto, ya que un funcionario del rango de Roverssi no tiene el nivel requerido para utilizar dicho lenguaje tomando en cuenta que bajo el principio de Soberanía de la naciones, Nicaragua no se limitada a la aprobación de Costa Rica para realizar dichas labores de dragado. Ciertamente, al no iniciar su reclamación desde el más alto nivel gubernamental, Costa Rica restó relevancia política al asunto territorial. Tal comportamiento es un claro desatino considerando que por muy acotada que sea la zona impactada, el asunto amerita un abordaje decidido. Por lo tanto, del primer momento podemos determinar que Nicaragua resulta ganadora, ya que la réplica de Costa Rica no logró condicionar o modular el comportamiento del Gobierno nicaragüense.
            Segundo momento: Nicaragua posiciona efectivos de las fuerzas armadas nacionales en la zona de Harbour Head, a lo que Costa Rica responde asegurando que Nicaragua invadió la zona que conocen como Isla Calero. En este punto ambos países se acusan mutuamente de violación a su territorio por parte del otro. Costa Rica escala entonces la crisis a la OEA (con resultados infructuosos), envía efectivos de sus fuerzas armadas a la zona en disputa -esto con propósito de intimidación/disuasión- y realiza lobby en el Consejo de Seguridad de la ONU asegurando que la posición de Nicaragua representaba una amenaza inminente a la paz y estabilidad de la región. La efímera y poco enérgica reacción internacional evidenció dos realidades: primero, el bajo nivel de conflictividad con riesgo de guerra entre las partes involucradas, percibido por la comunidad internacional; y segundo, la limitada influencia diplomática de Costa Rica en el entorno internacional.
            En este escenario, el condicionamiento de Costa Rica de iniciar un dialogo binacional para encontrar una solución política a la crisis solamente si Nicaragua retiraba sus efectivos de la zona en disputa, colocó a Nicaragua en un posición en la que era imperante mantener al ejército en la zona, ya que el retiro del mismo habría implicado un reconocimiento tácito a los argumentos de Costa Rica. En este segundo momento no se produce un resultado consistente, ya que tanto Nicaragua como Costa Rica impugnan mutuamente sus respectivos movimientos.
            Tercer momento: Costa Rica presenta una demanda contra de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia. De este modo Costa Rica logra momentáneamente condicionar las opciones de Nicaragua al comprometerla en un proceso internacional, aunque no interrumpe su iniciativa de acción, es decir, la continuación del dragado del Río San Juan.
            Cuarto momento: Costa Rica adopta una posición intimidante/disuasiva al enviar más efectivos de seguridad a la zona y la utilización de un discurso amenazante contra Nicaragua, planteando el uso de la fuerza como una posibilidad. De este modo, como regla general en política Internacional, el planteamiento de la posibilidad del uso de la fuerza es una forma de amenaza tácita. Sin dudas, se trata de un comportamiento poco común en la política exterior costarricense.
            Inevitablemente surgen preguntas como: ¿Por qué adoptó Costa Rica una posición amenazante frente a Nicaragua?; ¿Estaría dispuesta la presidenta Chinchilla a comprometer a su país en un conflicto armado contra Nicaragua?; y, ¿Estaría dispuesto el presidente Ortega a envolverse en un conflicto armado?
            Valorando el comportamiento de los tomadores de decisiones podemos observar que la presidenta Chinchilla, asume una posición clásica de conflicto, limitando la comunicación entre ambos gobiernos, incrementando la agresividad del discurso e intentando flanquear las opciones de Nicaragua hacia dos cursos posibles: La capitulación ante la amenaza y la modulación de su comportamiento; o la ruptura total de la comunicación y escalamiento de la crisis hacia la violencia. Como el desarrollo de los acontecimientos exhibió, dicha posición no arrojó el resultado esperado ya que Nicaragua no modificó su comportamiento, más allá de la declaración a diferentes niveles del gobierno y del ejército sobre la relativa superioridad de las fuerzas armadas de Costa Rica frente a las nacionales. Podemos argüir que la posición de Costa Rica no fue lo suficientemente abierta como para lograr la credibilidad necesaria, pero sin lugar a dudas, sí perjudicó su prestigio internacional como actor pacifista.
            Por otra parte, la estrategia de conflicto adoptada por Nicaragua consistió en la “exclusión de conflicto” (es decir minimizar la peligrosidad de la crisis, mantener un discurso permanente de búsqueda negociada a la contienda y de inaceptabilidad del uso de la fuerza), mientras lograba, también, algo extraordinariamente inusual en el sistema político doméstico, como fue canalizar la voluntad nacional (sociedad civil, opinión pública, la totalidad de los poderes del Estado, etc.) hacia una posición común de defensa del territorio y soberanía nacional. Por lo tanto de este cuarto momento podemos concluir que Nicaragua logra imponerse sobre Costa Rica.
            Quinto momento: La CIJ emite resolución de medidas provisionales sobre el conflicto entre ambas naciones en el que se plantea el retiro de fuerzas de seguridad y civiles de la zona en disputa, así como las actividades necesarias para determinar si las actividades de dragado de Nicaragua perjudicaban a Costa Rica.
            En dicha resolución, tan importante ha sido lo que se dijo como lo que no. Ya que, a pesar de que la misma requería que Nicaragua retirara a sus efectivos militares de la zona, la misma no privaba a Nicaragua de continuar las actividades de dragado en el Río San Juan que ha sido desde el principio el objetivo estratégico perseguido por Nicaragua.
            Sexto momento: Con la exhortación de la resolución de la CIJ de que las partes iniciaran el dialogo, Nicaragua logra flanquear las opciones de Costa Rica al plantear dos cursos de acción: el dialogo binacional o el escalamiento de las tensiones. Por lo tanto, Costa Rica deberá asumir una nueva posición de restablecimiento de la comunicación y anuencia de iniciar el dialogo, de otro modo será muy difícil justificar la continuación de una posición intimidante.
            El resultado global del coyuntural episodio de contienda entre Nicaragua y Costa Rica favorece principalmente los intereses del primero, ya que su iniciativa de acción no se ha visto interrumpida en ningún momento, y bajo el principio de Soberanía de los Estados no observo estimable que la CIJ emita una resolución que limite sensiblemente las actividades domésticas de Nicaragua. Por lo tanto, será deseable que el Gobierno de Nicaragua continúe con la estrategia adoptada desde la reciente reactivación del conflicto, es decir continuar las actividades de dragado y conservar una posición de exclusión de conflicto frente a Costa Rica.

            Algo que permanece a media luz es el propósito del dragado del Río, ya que no se trata exclusivamente de favorecer el comercio local o defender el interés nacional. El Gobierno de Nicaragua persigue objetivos estratégicos concretos, tomando en cuenta la urgencia con la que se ha atendido el asunto. Considero que la explicación más satisfactoria, de momento, es la posible construcción de un canal interoceánico con apoyo de la Federación Rusa. Sin dudas, esto justificaría satisfactoriamente la prioridad nacional que se le ha asignado a la limpieza del Río San Juan.


Por: Luis Campos Pérez

7 de marzo de 2011

Estados Unidos y el levantamiento Social del mundo árabe: ¿Geoestrategia o plan de contingencia?

            El apoyo moral que brindara EUA a los levantamientos sociales en Túnez y Egipto ha desvelado interrogantes como: ¿Por qué EUA no intentó evitar la deposición de sus aliados estratégicos en dichos países? La respuesta es una cuidadosa valoración de Costo Político y sentido común. A pesar de que EUA había sostenido alianzas estables por varios años con los regímenes de Zine El Abidine Ben Alí y Hosni Mubarak, las sostenidas violaciones a los Derechos Humanos, la falta de apertura política y la corrupción de las autoridades a todos los niveles fueron siempre temas pendientes que minaban la credibilidad global de EUA. Entonces, ¿Por qué EUA no presionaba abiertamente a estos regímenes para tratar los asuntos antes mencionados? Una vez más la exquisitez del sentido común con conocimiento de causa arroja luz sobre una generalización de la Política Exterior estadounidense, y es que es preferible establecer una relación estratégica pragmática con un régimen autoritario presto a los intereses Occidentales que un régimen más o menos democrático que rechace los mismos.
            Siendo esto así, ¿Por qué EUA apoyó a los protestantes en la consecución de su causa? La respuesta a esta pregunta requiere un poco más de ampliación y detenimiento. No era ajeno al conocimiento de la Administración Obama que al menos en Túnez –inicialmente- existían condiciones de volatilidad social que podían escalar hasta desembocar en los resultados conocidos por todos, por lo que apegarse a una posición de contingencia fue lo deseable tanto en Túnez, como en Egipto y Libia.
            Esto nos lleva a otra generalización sobre la Política Exterior de EUA, siendo que existen condiciones inminentes para la caída de un régimen a través de la revuelta social, el costo político de tratar de conservar el statu quo es demasiado elevado –lección aprendida durante la caída del último Sah de Irán, Mohammad Reza Pahlevi-. Por lo tanto, para mejorar su credibilidad internacional EUA se coloca del lado ganador de la Historia: primero, apoyando las reformas exigidas por los manifestantes, y posteriormente pidiendo la dimisión tanto de Ben Alí como de Mubarak.
            En este punto se logra la consecución de dos objetivos altamente deseables para EUA, como son la supresión de dos regímenes autoritarios y el mejoramiento de su prestigio global a través de la promoción de reformas democráticas.

El caso de las protestas masivas en Libia, dicha situación adquiere una dimensión significativamente más compleja que en los casos antes mencionados. Inicialmente, las posiciones de EUA y la UE al unísono fueron de un aletargado rechazo a la creciente violencia -podemos afirmar en este caso que la razón de ello fue la presencia de ciudadanos estadounidenses y europeos en Libia que podían quedar a merced de posibles represalias de las autoridades-, así como la valoración profunda de las repercusiones que la situación de inestabilidad podían ejercer sobre los precios internacionales del petróleo y la posible interrupción del abastecimiento de crudo a Europa (aproximadamente 1.5 millones de barriles por día).
            Aprovechando el impulso e intensificación de las protestas desde Benghazi hasta el resto del país, EUA y la UE decidieron escalar su posición crítica ante la presunta utilización de las fuerzas armadas contra la población civil por parte del Coronel Gadafi. Posteriormente, a esta posición se suman sanciones tanto de EUA y la UE, así como de Rusia y el Consejo de Seguridad de la ONU.
            Observemos ahora el reposicionamiento de la sexta flota estadounidense hacia el Mar Mediterráneo atravesando el Canal de Suez, cerca de la costa libia. A pesar que el Departamento de Estado de EUA y la OTAN declararon que “ninguna opción esta fuera de la mesa”, considero que las probabilidades de una intervención militar en Libia son limitadas, pero no nulas. En buena medida la opción de una intervención –aérea o de combate completo- se definirá por la mayor o menor resistencia que presente Gadafi y su élite política a dejar el poder. Tomando en cuenta que la OTAN asegura tomaría acciones solamente si así lo recomienda el CS-ONU, así como el rechazo expresado tanto por Rusia como por China a una intervención armada en la crisis o al establecimiento de una zona de exclusión aérea, con el argumento de que tales medidas no harían más que recrudecer la crisis interna con repercusiones como: el éxodo masivo hacia el Sur de Europa; el resquebrajamiento de la organización política nacional de Libia; un escenario prolongado de guerra civil –con posibles efectos multiplicadores sobre la militancia radical islámica-; y la pérdida de control sobre los yacimientos petrolíferos libios.
            Considero que la estrategia de EUA en este sentido apunta a un enfoque de tipo Soft Power con ahogamiento económico y presión enérgica de la comunidad internacional, y en el que la presencia de la sexta flota próxima a la costa libia cumple una función de contingencia en caso de una posible “última movida” de Gadafi, tomando en cuenta su creciente arrinconamiento y aislamiento, a pesar de las contadas voces de empatía a su favor desde América Latina.
            A pesar de que algunos, con alarmante simplicidad, aseguran que EUA y la OTAN iniciarán una intervención militar en Libia, aprovechando el ímpetu de la crisis interna para hacerse con el control de sus yacimientos petrolíferos, considero que en este particular la geoestrategia estadounidense apunta: primero, hacia el aseguramiento vital mínimo de la zona de interés estratégico en caso de contingencia; y segundo, en el nivel de discurso, reconocer la legitimidad de la causa de los protestantes, y posteriormente –una vez que la situación empiece a estabilizarse tanto en Túnez como Egipto y Libia- iniciar intensivas comunicaciones de alto nivel, así como cooperación con la sociedad civil, para propiciar un cambio conducente favorable a los valores políticos de Occidente y a sus intereses en la zona. Como lo expresara la Secretaria de Estado, Hillary Clinton: “… el proceso de transición debe ser protegido de influencias anti-democráticas, sin importar de donde vengan. La participación política debe ser abierta a todos aquellos que rechacen la violencia y jueguen con las reglas de la democracia” (Departamento de Estado, 2011).
            Por ahora no podemos asegurar que el proceso de transformación social y política del Medio Oriente y Norte de África sea propiamente revolucionario (en su acepción clásica), sus resultados dependerán directamente de las nuevas formas de estructura política que surjan de la crisis –de la cual tampoco podemos asegurar ya ha alcanzado a todos los países que debía, tomando en cuenta la situación actual en Bahrain, Omán, Yemen, Siria y hasta Irán-. Algo que si podemos concluir es que el Mundo Árabe no será más sencillo, ni más pacífico, y en caso de tomar un camino más o menos democrático, el mismo no será una emulación de los sistemas democráticos Occidentales, dadas las particularidades sociales, culturales y religiosas de los países que lo conforman.
            De este modo, la nueva realidad en el Medio Oriente podría favorecer, en el mediano plazo, la Proyección Regional de Poder de Irán al quedar desarticulado Egipto de la política internacional proactiva, quien ejercía un relativo contrapeso de poder frente a Irán; y al aprovechar la coyuntura regional para ganar influencia en las nuevas élites políticas nacionales.

            A pesar que el presente análisis se ocupa de explicar asuntos estratégicos, y no de una reflexión profunda sobre los factores causales de la actual sinergia en el mundo árabe, resulta difícil vencer la tentación de realizar algunas teorizaciones que den sentido histórico y hasta civilizacional a tal fenómeno ya que el contexto actual evoca un proceso que subyace como una especie de ley social y política.
            Holísticamente estamos ante una nueva realidad, no exclusiva al Medio Oriente y al Norte de África, la misma incluye factores acelerantes de movilización social como la utilización de medios de comunicación instantáneos y de redes sociales globales, así como del masivo número de jóvenes con altas expectativas respecto de su propio futuro y de las oportunidades que su entorno debe ofrecerles.
            Sin dudas el futuro traerá consigo más transformaciones que impliquen la participación directa de los jóvenes como protagonistas de su propio futuro y como agentes de profundos cambios a todos los niveles de la sociedad. Los resultados vislumbrables plantean dos escenarios: uno en el que surgen cambios que contemplen más oportunidades para los jóvenes en estructuras políticas y económicas renovadas; y el otro en el que las transformaciones sean dispersas y caóticas, y que incrementen el resentimiento social. Todo dependerá de las metas y los liderazgos que activen y conduzcan el levantamiento social y político de los jóvenes.
Por: Luis Campos Pérez