7 de abril de 2011

Análisis de Juego Secuencial sobre el Conflicto Nicaragua-Costa Rica

            A primera vista, el más reciente episodio del recurrente conflicto territorial entre Nicaragua y Costa Rica, se exhibe como la apresurada interacción de las políticas exteriores de ambos actores, pero un análisis de Inducción de Juego Secuencial de Estrategia puede ser altamente esclarecedor sobre los profundos significados políticos de los comportamientos de las unidades involucradas.
            Un Análisis de Juegos en el que el criterio de selección de un “ganador” es definido por el eficaz uso de tres recursos: la Iniciativa de acción, la Anticipación de los movimientos del adversario (así como la estimación de lo que el adversario espera que uno haga), y la limitación de las opciones disponibles para dicho adversario. Para tal propósito propongo un ámbito de seis juegos cortos que definen el resultado estratégico.
            Primer momento: observamos a Nicaragua iniciando la dinámica de juego al tomar la decisión de dragar el Río San Juan, a lo que Costa Rica respondió, a través de un nota del vicecanciller Roverssi –canciller interino en ese momento-, con la exigencia de detener inmediatamente los planes de dragar el Río (END, 2010). De este primer escenario podemos extraer que la utilización de la palabra “exigencia” y la emisión de una nota de un viceministro exhiben una descoordinación casi deliberada para manejar el conflicto, ya que un funcionario del rango de Roverssi no tiene el nivel requerido para utilizar dicho lenguaje tomando en cuenta que bajo el principio de Soberanía de la naciones, Nicaragua no se limitada a la aprobación de Costa Rica para realizar dichas labores de dragado. Ciertamente, al no iniciar su reclamación desde el más alto nivel gubernamental, Costa Rica restó relevancia política al asunto territorial. Tal comportamiento es un claro desatino considerando que por muy acotada que sea la zona impactada, el asunto amerita un abordaje decidido. Por lo tanto, del primer momento podemos determinar que Nicaragua resulta ganadora, ya que la réplica de Costa Rica no logró condicionar o modular el comportamiento del Gobierno nicaragüense.
            Segundo momento: Nicaragua posiciona efectivos de las fuerzas armadas nacionales en la zona de Harbour Head, a lo que Costa Rica responde asegurando que Nicaragua invadió la zona que conocen como Isla Calero. En este punto ambos países se acusan mutuamente de violación a su territorio por parte del otro. Costa Rica escala entonces la crisis a la OEA (con resultados infructuosos), envía efectivos de sus fuerzas armadas a la zona en disputa -esto con propósito de intimidación/disuasión- y realiza lobby en el Consejo de Seguridad de la ONU asegurando que la posición de Nicaragua representaba una amenaza inminente a la paz y estabilidad de la región. La efímera y poco enérgica reacción internacional evidenció dos realidades: primero, el bajo nivel de conflictividad con riesgo de guerra entre las partes involucradas, percibido por la comunidad internacional; y segundo, la limitada influencia diplomática de Costa Rica en el entorno internacional.
            En este escenario, el condicionamiento de Costa Rica de iniciar un dialogo binacional para encontrar una solución política a la crisis solamente si Nicaragua retiraba sus efectivos de la zona en disputa, colocó a Nicaragua en un posición en la que era imperante mantener al ejército en la zona, ya que el retiro del mismo habría implicado un reconocimiento tácito a los argumentos de Costa Rica. En este segundo momento no se produce un resultado consistente, ya que tanto Nicaragua como Costa Rica impugnan mutuamente sus respectivos movimientos.
            Tercer momento: Costa Rica presenta una demanda contra de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia. De este modo Costa Rica logra momentáneamente condicionar las opciones de Nicaragua al comprometerla en un proceso internacional, aunque no interrumpe su iniciativa de acción, es decir, la continuación del dragado del Río San Juan.
            Cuarto momento: Costa Rica adopta una posición intimidante/disuasiva al enviar más efectivos de seguridad a la zona y la utilización de un discurso amenazante contra Nicaragua, planteando el uso de la fuerza como una posibilidad. De este modo, como regla general en política Internacional, el planteamiento de la posibilidad del uso de la fuerza es una forma de amenaza tácita. Sin dudas, se trata de un comportamiento poco común en la política exterior costarricense.
            Inevitablemente surgen preguntas como: ¿Por qué adoptó Costa Rica una posición amenazante frente a Nicaragua?; ¿Estaría dispuesta la presidenta Chinchilla a comprometer a su país en un conflicto armado contra Nicaragua?; y, ¿Estaría dispuesto el presidente Ortega a envolverse en un conflicto armado?
            Valorando el comportamiento de los tomadores de decisiones podemos observar que la presidenta Chinchilla, asume una posición clásica de conflicto, limitando la comunicación entre ambos gobiernos, incrementando la agresividad del discurso e intentando flanquear las opciones de Nicaragua hacia dos cursos posibles: La capitulación ante la amenaza y la modulación de su comportamiento; o la ruptura total de la comunicación y escalamiento de la crisis hacia la violencia. Como el desarrollo de los acontecimientos exhibió, dicha posición no arrojó el resultado esperado ya que Nicaragua no modificó su comportamiento, más allá de la declaración a diferentes niveles del gobierno y del ejército sobre la relativa superioridad de las fuerzas armadas de Costa Rica frente a las nacionales. Podemos argüir que la posición de Costa Rica no fue lo suficientemente abierta como para lograr la credibilidad necesaria, pero sin lugar a dudas, sí perjudicó su prestigio internacional como actor pacifista.
            Por otra parte, la estrategia de conflicto adoptada por Nicaragua consistió en la “exclusión de conflicto” (es decir minimizar la peligrosidad de la crisis, mantener un discurso permanente de búsqueda negociada a la contienda y de inaceptabilidad del uso de la fuerza), mientras lograba, también, algo extraordinariamente inusual en el sistema político doméstico, como fue canalizar la voluntad nacional (sociedad civil, opinión pública, la totalidad de los poderes del Estado, etc.) hacia una posición común de defensa del territorio y soberanía nacional. Por lo tanto de este cuarto momento podemos concluir que Nicaragua logra imponerse sobre Costa Rica.
            Quinto momento: La CIJ emite resolución de medidas provisionales sobre el conflicto entre ambas naciones en el que se plantea el retiro de fuerzas de seguridad y civiles de la zona en disputa, así como las actividades necesarias para determinar si las actividades de dragado de Nicaragua perjudicaban a Costa Rica.
            En dicha resolución, tan importante ha sido lo que se dijo como lo que no. Ya que, a pesar de que la misma requería que Nicaragua retirara a sus efectivos militares de la zona, la misma no privaba a Nicaragua de continuar las actividades de dragado en el Río San Juan que ha sido desde el principio el objetivo estratégico perseguido por Nicaragua.
            Sexto momento: Con la exhortación de la resolución de la CIJ de que las partes iniciaran el dialogo, Nicaragua logra flanquear las opciones de Costa Rica al plantear dos cursos de acción: el dialogo binacional o el escalamiento de las tensiones. Por lo tanto, Costa Rica deberá asumir una nueva posición de restablecimiento de la comunicación y anuencia de iniciar el dialogo, de otro modo será muy difícil justificar la continuación de una posición intimidante.
            El resultado global del coyuntural episodio de contienda entre Nicaragua y Costa Rica favorece principalmente los intereses del primero, ya que su iniciativa de acción no se ha visto interrumpida en ningún momento, y bajo el principio de Soberanía de los Estados no observo estimable que la CIJ emita una resolución que limite sensiblemente las actividades domésticas de Nicaragua. Por lo tanto, será deseable que el Gobierno de Nicaragua continúe con la estrategia adoptada desde la reciente reactivación del conflicto, es decir continuar las actividades de dragado y conservar una posición de exclusión de conflicto frente a Costa Rica.

            Algo que permanece a media luz es el propósito del dragado del Río, ya que no se trata exclusivamente de favorecer el comercio local o defender el interés nacional. El Gobierno de Nicaragua persigue objetivos estratégicos concretos, tomando en cuenta la urgencia con la que se ha atendido el asunto. Considero que la explicación más satisfactoria, de momento, es la posible construcción de un canal interoceánico con apoyo de la Federación Rusa. Sin dudas, esto justificaría satisfactoriamente la prioridad nacional que se le ha asignado a la limpieza del Río San Juan.


Por: Luis Campos Pérez

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