28 de noviembre de 2011

El presunto complot terrorista de Irán y sus implicaciones estratégicas


            El arresto del iraní nacionalizado estadounidense Manssor Arbabsiar bajo el cargo de complot para asesinar a un funcionario diplomático, por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, luego de ser deportado por las autoridades mexicanas, y la orden de captura por el mismo cargo contra, el también iraní, Gholam Shakuri (Council on Foreign Relations, 2011), parece, a primera vista, ser un acto deliberado de Irán con propósitos temerarios y difusos, ya que EUA asegura que el financiamiento de dicho complot fue realizado por la Fuerza Al Quds (Guardia Revolucionaria de Irán), lo que compromete significativamente a las autoridades iraníes.

            El primer alcance de dicho complot consiste en la apertura de la posibilidad de cooperación clandestina entre el islamismo radical -y de forma particular, de Irán como potencia regional en medio oriente y adversario de Occidente- y el crimen organizado de México, lo que evidencia una intencionalidad de convertir dicho acto en un mensaje dirigido a EUA. Un mensaje que declara la virtual vulnerabilidad de EUA frente a amenazas no convencionales, con implicaciones existenciales para la seguridad de sus aliados estratégicos, tratándose de México en este punto específico.
            El segundo alcance consiste en el objetivo del presunto complot, es decir el embajador de Arabia Saudí en Washington, Adel al Jubeir, tomando en cuenta la conocida rivalidad entre Arabia Saudí e Irán como potencias regionales que se debaten la primacía civilizacional del mundo árabe, lo que ha generado persistentes tensiones entre ambas unidades nacionales, y una permanente competencia por incrementar su influencia en las elites políticas de los países de la región. Por lo tanto, este incidente lleva la contienda a un nuevo y volátil nivel de conflictividad.
            Consideremos, también, que Riyahd y Washington sostienen una alianza estratégica de más de 60 años. De este modo, podemos inferir que el complot es una señal directa de desafío contra EUA y Arabia Saudí, y que los posibles propósitos del mismo consistían en articular más aceleradamente una campaña armada contra Irán, con el involucramiento de Estados Unidos, Arabia Saudí, e incluso Israel. Además, este incidente ha arrojado luz sobre las opciones estratégicas y la credibilidad internacional de EUA, respecto del manejo de su política de disuasión frente a la proliferación nuclear iraní.
Las opciones de Washington
            Las reacciones de la Administración Obama al incidente evidencian lo que podemos identificar como las opciones estratégicas de EUA, y es que en este momento la única alternativa de riesgo moderado para EUA y sus aliados es persistir en acciones en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para sancionar al régimen de los Ayatolás. De igual forma, continuar una política de soft power para incrementar el aislamiento internacional de Irán y conservar el disuasivo de "ninguna opción esta fuera de la mesa" (Department of State, 2011), que no se ha impuesto de forma convincente como para modular el comportamiento y aspiraciones de Irán hacia una dinámica de "comportamiento racional" derivada de una política de disuasión creíble.
            Podemos también observar que el comportamiento exhibido por Washington, tras el incidente, le vulnera frente a un Irán relativamente predecible en el manejo de su política exterior y altamente asertivo con el tema de desarrollo doméstico de tecnología nuclear –objeto incluso de orgullo nacional (Trenin, 2011)-, ya que desveló de forma casi explícita el ámbito de tolerancia que tiene frente a las acciones y aspiraciones internacionales de Teherán.
            Por otra parte, la evasión tácita de EUA de una incursión militar preventiva en Irán refleja la insostenibilidad -al menos de forma circunstancial- de costear una nueva campaña en el exterior, sobre todo valorando las complejidades que un involucramiento de este tipo, sea de forma parcial o completa, representarían para la seguridad nacional de Israel –considerando las dispersas y resguardadas ubicaciones de las instalaciones nucleares iraníes, así como la capacidad de represalia que Irán tendría sobre Israel, ya que un hipotético conflicto entre EUA e Irán, necesariamente involucraría la participación de Tel Aviv-.
Las implicaciones estratégicas para Irán
            Posterior al "incidente", tanto el presidente Ahmadinejad como el ayatolá Alí Jameneí, aseguraron que Irán no ha sido partícipe del presunto complot y de que todo se trata de una conspiración de Occidente (RIA-Novosti, 2011). Esta negación de participación en el incidente no hace más que desvelar que en los niveles más elevados de la autoridad iraní un ataque de este tipo no forma parte de la agenda táctica inmediata. Podemos también deducir que dicha evasión de responsabilidad no es congruente con en el estilo asertivo, y hasta temerario, de hacer política exterior, por parte de Teherán. De este modo, es claro que dicho complot fue un acto deliberado de subordinados de mediano y/o bajo nivel del régimen, ya que dicho plan contradice los intereses estratégicos de Irán en la región –ya que el involucramiento en un conflicto tanto de EUA como de Arabia Saudí supondría la eventual caída de la actual elite de poder iraní-, además, el comportamiento internacional de Teherán ha sido relativamente predecible en los últimos años, y más que apuntar hacia la "yihad" contra Occidente y sus aliados, lo hace en dirección a la expansión de su poder regional. A esto podemos agregar que la tímida reacción de Washington puede deberse a la estimación de que el "incidente" fue un acto aislado fuera del control de los principales tomadores de decisiones iraníes.
El papel de Arabia Saudí
            Dentro de este coyuntural episodio de la vida internacional, Arabia Saudí ocupa un espacio de notable relevancia. En primer lugar, es el principal rival “intracivilizacional” de Irán –con quien se disputa el liderazgo del mundo árabe-; en segundo, es uno de los aliados estratégicos más importantes de EUA en el medio oriente extendido; y en tercero, éste ha asegurado públicamente a Israel la autorización para utilizar su espacio aéreo en un hipotético conflicto contra Irán (Center for Strategic & International Studies, 2010).
            De este modo, Arabia Saudí se convierte en el único aliado de EUA en la región con la capacidad tanto de brindar apoyo logístico y geoestratégico a una incursión Israelí-estadounidense, como de involucramiento completo en tal escenario, en la búsqueda de sus intereses estratégicos de preeminencia regional. De esta forma, podemos observar un incremento sensible en el riesgo de guerra total en la región.
El “Despertar Árabe” y su relación con Arabia Saudí e Irán
            El actual ímpetu reformista dentro del mundo árabe, en el que los levantamientos sociales evocan una especie de intrínseca ley social, ha colocado a Irán y a Arabia Saudí en una intensa competencia por tratar de influir en dichos procesos, de forma que las nuevas elites políticas sean amistosas a sus intereses –en buena medida este comportamiento sigue el criterio de apoyo a los grupos chiitas, por parte de Irán; y de sunitas, en el caso de Arabia Saudí-, mientras que se realizan esfuerzos por dispersar las aspiraciones de la oposición a lo interno de sus propios territorios. En esencia, tanto Riyahd como Teherán persiguen fortalecer su liderazgo dentro de los nuevos grupos de poder político y la reproducción de sus modelos de gobierno en el resto de países árabes.
            En términos de liderazgo, el complot del que se acusa a Irán ciertamente afecta de manera sensible su prestigio regional, mientras que favorece el de Arabia Saudí.
Las implicaciones estratégicas para Israel
            A pesar de que Israel no ha sido parte de la coyuntura que representa el “incidente”, ciertamente el mismo tiene alcances de tipo existencial para su seguridad nacional. Consideremos que Tel Aviv percibe a Irán como una amenaza progresivamente inminente a su seguridad vital. De igual forma, consideremos el conocido arrojo de Israel respecto a la aceptabilidad de acciones militares sobre Irán, a pesar de la renuencia de Washington.
            Por lo tanto, el escenario inmediato, que involucra a Arabia Saudí, coloca a Israel en una posición ventajosa frente a EUA, ya que la relevancia que Arabia Saudí tiene para Washington incrementa las probabilidades de involucramiento de Washington en una incursión en coalición (EUA/OTAN-Arabia Saudí-Israel) sobre Irán.
Las posiciones de Rusia y China
            En términos generales, ninguna potencia tiene desmedido interés por involucrarse en un conflicto armado con Irán, incluso, tanto Rusia como China, sostienen alianzas estratégicas bilaterales con Teherán, por lo que se muestran interesados en su estabilidad y cooperación amplia, sin embargo el tema del desarrollo nuclear iraní, si fuese para propósitos militares, representa  una preocupación significativa para ambas potencias.
            Por otra parte, Washington es consciente de que la opción militar completa debe ser evitada hasta donde lo permita su capacidad de “acomodamiento” frente a Irán, principalmente por el efecto reproductor que tendría sobre la militancia yihadista, también sobre el rechazo del mundo árabe hacia Occidente, y sobre el potencial que un conflicto con estas características concentra para convertirse en uno de escala mayor, con una crisis humanitaria masiva, y el posible involucramiento tanto de armamento nuclear estratégico, como de otros países de la región.
El escenario próximo
            En adelante, los cursos de acción sobre Irán podrán oscilar entre la adopción de una política de disuasión creíble y comprometida -no sólo de EUA y la OTAN, sino de Rusia y China- y el establecimiento de condiciones para la creación de un compromiso multilateral que incremente la confianza internacional en que el programa nuclear iraní persigue fines civiles únicamente, ya que la persistencia de recrudecer las sanciones contra Irán, desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha probado no ser eficaz en la modulación de las aspiraciones geopolíticas de Irán.
            En conclusión, el presunto complot terrorista ha alcanzado su máxima relevancia ya no por la inmediatez circunstancial de los individuos a los que involucra, y a quiénes ellos representan, sino por el iluminador efecto que ha ejercido sobre las posiciones, opciones e implicaciones estratégicas para EUA, Irán, Israel y Arabia Saudí, y en menor medida para Rusia y China, que visto holísticamente, abre un escenario de elevada volatilidad para la activación de un conflicto de escala mayor en la región.

Por: Luis Campos Pérez

1 comentario:

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